El punto de partida es el pliego técnico, no el presupuesto
El pliego técnico debería funcionar como la lista de verificación principal frente a la que se evalúa cada oferta. Antes incluso de abrir cualquier presupuesto, resulta útil descomponer el pliego en sus partes constitutivas: requisitos de equipamiento, requisitos de pavimento, materiales, alcance de la instalación y documentación. Cada oferta se evalúa entonces sucesivamente frente a cada uno de esos apartados, en lugar de leerse como un bloque indiferenciado.
Este enfoque también facilita mucho detectar los casos en los que una oferta ha sustituido silenciosamente alguna partida. Un proveedor puede ofrecer un precio más bajo especificando un rango de alturas de plataforma menor, un grupo de edad más estrecho o una categoría de pavimento que no coincide plenamente con lo exigido en el pliego. Nada de esto es necesariamente irregular, pero debe quedar visible en la comparación, y no oculto en una nota a pie de página.
Criterios de evaluación relevantes además del precio
Una comparación estructurada suele evaluar las ofertas según varias dimensiones:
Cumplimiento de las especificaciones del equipamiento, es decir, en qué medida el equipamiento propuesto responde a los requisitos funcionales indicados en el pliego, incluyendo grupo de edad, capacidad, tipos de actividad y ajuste dimensional. Calidad de los materiales y acabados, es decir, si los materiales, recubrimientos y acabados propuestos responden a los requisitos de durabilidad descritos en el pliego para las condiciones concretas de la parcela. Alcance de la instalación, es decir, qué está realmente incluido en el precio: cimentaciones, soluciones de accesibilidad, preparación de la parcela y coordinación con otros contratistas, frente a lo que habrá que contratar por separado. Documentación y certificación, es decir, si la oferta incluye certificados de conformidad emitidos por un organismo acreditado independiente, informes de ensayo y fichas técnicas que exigía el pliego, o si se prometen para una fecha posterior. Condiciones de garantía, es decir, duración y alcance de la garantía, qué cubre y qué activaría una reclamación. Coste total durante el ciclo de vida, es decir, no solo el precio de instalación, sino también el coste previsible de mantenimiento, de repuestos y de una eventual sustitución durante la vida útil esperada del equipamiento.
La ponderación de estos criterios es una cuestión de política de evaluación del propio órgano de contratación, y esa ponderación a menudo debe seguir un marco específico de contratación pública, y no una plantilla genérica. A efectos de esta guía, lo relevante es que el precio se trate como uno más de varios criterios, y no como el único factor de decisión.