El primer paso es una conversación dentro de la propia organización, antes de enviar ninguna consulta externa. Esto es especialmente importante cuando participan varias partes, por ejemplo un arquitecto, la administración pública, el servicio técnico y el usuario final, ya que cada uno de estos actores puede coincidir de forma distinta sobre los objetivos.
Grupos de edad objetivo y capacidades
Los parques infantiles varían de forma considerable según la edad y las capacidades de los usuarios a los que van dirigidos. El grupo de los más pequeños exige un alcance de equipamiento, unas dimensiones y una distribución distintos de un parque pensado para niños en edad escolar, y un parque infantil integrado y accesible añade requisitos adicionales. Si estas decisiones no se aclaran internamente, los proveedores las darán por supuestas, y esas suposiciones no coincidirán necesariamente entre sí.
También conviene plantearse si el parque infantil se utilizará principalmente como solución independiente o como parte de un espacio exterior más amplio con zonas adicionales, como áreas de estar, senderos o instalaciones deportivas cercanas. La forma en que el contexto general encaja en el proyecto afecta tanto al dimensionamiento como a la elección del equipamiento.
Finalidad y tipo de emplazamiento
El tipo de emplazamiento condiciona muchas decisiones posteriores. Un parque infantil para una escuela infantil o un colegio, un parque público, una comunidad residencial o un complejo turístico conllevan, cada uno, una supervisión, unos estándares de mantenimiento, unos patrones de uso y unas expectativas de materiales distintos. El cliente no necesita resolver de antemano todas estas cuestiones, pero conviene que tenga claro qué tipo de emplazamiento es al contactar con los proveedores.
Para un análisis general relacionado sobre la elección entre soluciones estándar y temáticas, consulte la guía "Parques infantiles estándar o temáticos: qué enfoque conviene a su proyecto".
Presupuesto de trabajo y calendario realista
En ocasiones, los clientes no comparten el presupuesto por temor a que el proveedor ofrezca menos de lo que podría ofrecer para ese nivel de inversión. En la práctica, compartir un rango de presupuesto realista conduce a una oferta más realista. Sin ese contexto, los proveedores proponen lo que consideran un alcance razonable, que puede no coincidir con lo que realmente está disponible para el proyecto.
Un principio similar se aplica al calendario. Las ofertas elaboradas bajo la hipótesis de un calendario flexible tienen un aspecto distinto de las elaboradas para un proyecto que debe abrirse en una fecha concreta, por ejemplo coordinado con el curso escolar o antes de la temporada turística. Un calendario realista, con todas las dependencias externas, ayuda a los proveedores a valorar la disponibilidad, los recursos y la planificación de la instalación.
Cuando el presupuesto y el calendario son ambiguos, las ofertas compiten en función de niveles distintos de ambición y de riesgo, y no respondiendo a la misma pregunta.